En el libro de Hechos al referirse a David, dice que Dios lo levantó como rey porque lo halló hombre conforme a Su corazón, quién haría todo lo que Él quisiera. Si lo encontró significa que lo estaba buscando. Es importante comprender que El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo buscan cosas diferentes en nosotros. El Padre busca adoradores, el Hijo busca fe y el Espíritu busca un corazón que pueda habitar y moldear.
Además, es importante diferenciar dos encuentros en nuestra vida, ya que no es lo mismo que tú encuentres a Dios a que Él te encuentre e ti. Jacob encontró al Señor, recibió la bendición, pero tuvo que salir corriendo. Años después, cuando regresaba a la casa de su padre, Dios le salió al encuentro y le cambió la vida y el nombre, llamándolo Israel, de quien surgirían las 12 tribus, Su pueblo. Muchos han encontrado al Señor y viven una bonita experiencia en la iglesia, pero todavía no se han dejado encontrar por Él para que el cambio sea radical. ¡Dios está buscándote para hacer de ti un líder de naciones!
Él busca una persona que le ofrezca una adoración sincera. Por eso buscó a David para que fuera el próximo rey, porque era un adorador que se hizo notar, reveló su corazón que alababa a Dios en todo momento y de forma desinteresada.
En Hechos el Señor dice: “He hallado a un hombre” aunque realmente era un jovencito de 17 años a quien su padre llamó “el menor”, su hermano llamó “soberbio” y Goliat llamó “muchacho”. ¿Para quién quieres ser un hombre, para Goliat o para Dios? Que no te importe lo que otros encuentren en ti, lo más importante es que logres ganar la voluntad de tu Padre del cielo.
María, la madre de Jesús también se dejó encontrar por Dios. Ella era una jovencita, casi una niña, pero suficientemente madura para escuchar que sería madre del Redentor y adorar al Señor. ¿A quién quieres impresionar? Para el mundo tal vez eres un muchacho, pero Dios ve un hombre en ti. No eres hombre por la cantidad de novias que tienes, sino por el carácter que muestras para adorarle y dejarte encontrar por Él.
Dios no necesita un hombre de guerra, quiere a un adorador porque para pelear las batallas y llegar al palacio necesitarás mucha adoración, ya que habrá momentos en el proceso cuando lo único que te quedará es adorar a Dios quien será tu fortaleza.
Tú eres ese joven que Dios busca para tu nación, no por lo que sabes sino porque le das Su lugar y le alabas. Levanta tus manos al cielo, es a Él a quien necesitas, a nadie más. El mundo puede decir que eres un muchacho, pero para Dios eres un hombre que le canta, ora y adora con un corazón sencillo. Es todo lo que necesitas para que llegue tu momento y Él te encuentre. Dile que lo anhelas y que eres el joven a quien ha buscado. Muéstrate para que te encuentre por el sonido de tu voz, de tu corazón, de tu adoración. Adora a Dios para que Su poder te toque y Su gozo te inunde.

